¡Bienvenidos a Flåm, o mejor dicho, a la Torre de Babel de los Fiordos! Este pequeño pueblo noruego cuenta oficialmente con apenas 350 habitantes, pero durante una jornada de verano la población se llega a multiplicar por 10 o por 20. Ya sea llegando en inmensos cruceros por el fiordo o desembarcando por carretera como nosotros, todos los viajeros terminamos convergiendo en este mismo punto estratégico.
Por las mañanas, Flåm suele convertirse en un auténtico hormiguero humano en medio de la naturaleza más salvaje: viajeros corriendo para no perder su excursión, familias buscando dónde comer y fotógrafos tratando de capturar el encuadre perfecto. El pueblo se ha adaptado magníficamente a su fama ofreciendo acogedoras cafeterías con olor a bollería recién hecha, tiendas repletas de diseño noruego y todo tipo de servicios turísticos.
Sin embargo, nuestro gran consejo viajero para esta aventura es madrugar. Si lo haces temprano y cuentas con un poco de suerte —como nos ha sucedido hoy antes de que atraquen los grandes cruceros—, podrás disfrutar de momentos de profunda tranquilidad. En esos instantes, la naturaleza se impone sobre cualquier bullicio: al levantar la vista por encima de las tiendas, las aguas verdes y apacibles del fiordo de Aurland se extienden majestuosas e indiferentes al ajetreo humano.
Pero no nos engañemos: la mayoría de los viajeros no vienen solo a contemplar las aguas tranquilas desde la orilla. El verdadero corazón de Flåm está hecho de acero y madera, y late a punto de partir sobre los rieles. Hablamos del Flåmsbana, el tren legendario que no es únicamente un medio de transporte, sino la auténtica razón de ser de este rincón del mundo.
Parada Técnica Obligatoria: El Museo del Ferrocarril de Flåm
Antes de subir a los vagones y dejarte llevar por el paisaje, hay un paso imprescindible justo al lado de los andenes: la antigua estación que hoy alberga el Museo del Ferrocarril de Flåm. La entrada es totalmente gratuita y pasarlo por alto sería un verdadero error. Si subes al tren sin entrar aquí, verás únicamente paisajes bonitos; pero si lo visitas primero, entenderás que la vía por la que vas a ascender es casi un milagro.

Para comprender la colosal gesta técnica y humana que supuso esta obra de ingeniería, basta con repasar sus datos clave:
- Recorrido y Desnivel: El tren recorre una distancia de tan solo 20 km, pero en ese corto trayecto asciende desde el nivel del mar (0 metros) hasta alcanzar los 867 metros de altura.
- Pendiente e Ingeniería: Es una de las líneas ferroviarias de ancho estándar más empinadas del mundo. El 88% del trayecto tiene una pendiente del 5,5%, lo que obliga al tren a luchar constantemente contra la gravedad. Funciona únicamente por adherencia y fricción (sin sistema de cremallera) y traza espirales por el interior de la montaña para ganar altura.
- Construcción e Historia: Las obras comenzaron en 1923 y requirieron casi 20 años de arduo trabajo.
- Los Rallare: Eran los obreros del ferrocarril. De los 20 túneles que componen la línea, 18 fueron excavados totalmente a mano. Avanzaban a un ritmo de 1 metro por mes, picando roca firme en mitad de la oscuridad y el frío helador.
- Maquinaria Histórica: El museo exhibe la histórica Locomotora N° 9, una joya de madera, latón y acero pesado. Estas máquinas disponían de sistemas de frenado independientes y reforzados, diseñados específicamente para garantizar la seguridad durante el vertiginoso descenso.
Tras recorrer la exposición y asimilar el esfuerzo de aquellos hombres, la visita concluye en la tienda de recuerdos del museo, donde puedes hacerte con una réplica en miniatura de la locomotora antes de disponerte a vivir la experiencia en carne propia.
El Ascenso por el Valle de Flomsdalen
Con la lección aprendida y la certeza de que cada metro de vía costó un mes de sudor humano, ocupamos nuestro asiento. Y aquí una recomendación, en el recorrido de Flåm a Myrdal mejor sentarse a la derecha porque están las vistas más bonitas del valle y en el recorrido inverso, como es obvio, mejor sentarse en el lado izquierdo. Y si quieres grabar o tomar fotos sin el vidrio, las ventanas de las primeras y últimas filas del vagón se pueden bajar para tener visión directa. Gracias a esto pudimos hacer las tomas más espectaculares del recorrido, aunque hay que tener mucho cuidado en los túneles porque el tren pasa muy justo.
El Flåmsbana inicia la marcha con un suave traqueteo y, en cuestión de segundos, la estampa costera del fiordo queda atrás para internarnos en el sobrecogedor valle de Flomsdalen. Los primeros kilómetros discurren por el fondo del valle, rodeados por un verde tan deslumbrante e intenso que parece salido de una postal. Acompañando el trazado de las vías avanza el río Flåmselvi, célebre por sus salmones. En las laderas, pequeñas granjas con tradicionales casas de madera roja aparecen salpicadas sobre los prados, componiendo una escena bucólica de la vida rural noruega.
Pronto, el confort de la marcha llana da paso a la inclinación. Se nota el esfuerzo constante de las ruedas de acero agarrándose a las vías por pura fricción, mientras el aire fresco de la montaña comienza a colarse por el marco de las ventanas. Sin utilizar cremallera, el tren empieza a trepar por la pared vertical. Al mirar hacia abajo, el cauce del río y la carretera se reducen hasta parecer simples trazos en la lejanía.
Durante este primer tramo ascendente se deja ver la espectacular cascada Rjoandefossen, cuya caída libre de 140 metros cuelga como un elegante hilo de plata sobre la roca oscura. Para superar semejante desnivel sin descarrilar, la vía realiza verdaderas acrobacias entrando y saliendo de túneles excavados a mano que giran en espiral dentro del corazón de la montaña. Es como viajar a bordo de un ascensor panorámico: en cada curva la luz se transforma y las nubes empiezan a situarse a la misma altura que nuestras ventanas.
El Momento Cumbre: La Cascada Kjosfossen y el Mito de la Huldra
En mitad del ascenso, el tren reduce drásticamente su velocidad hasta detenerse por completo. El conductor anuncia una parada especial de 5 minutos que no corresponde a ningún pueblo ni estación habitual: las puertas de los vagones se abren directamente sobre una plataforma de madera suspendida en la pared de la montaña, frente a la colosal cascada Kjosfossen.
Al pisar el andén, el impacto es inmediato. El estruendo del agua cayendo con furia es ensordecedor y una brisa helada de agua pulverizada te empapa el rostro en segundos. La fuerza de este salto de agua es tan descomunal que la electricidad producida por su propia energía es la que alimenta la línea del ferrocarril.

De pronto, por encima del rugido atronador del agua, empieza a sonar una melodía folclórica en los altavoces. Al girar la vista hacia las ruinas de piedra a la derecha de la cascada, surge la figura de la Huldra luciendo un vestido rojo que contrasta con la espuma blanca.
Según las leyendas del folclore noruego, las huldras son criaturas místicas del bosque, mujeres de una belleza sobrenatural que entonaban cantos para seducir a los hombres y atraparlos para siempre en las profundidades de la montaña. Aunque se trata de un breve espectáculo montado para los visitantes, contemplar esa silueta bailando sola ante la inmensidad de la cascada aporta un toque mágico y envolvente a la travesía, justo antes de que el silbato del tren nos avise para regresar precipitadamente al vagón.
Alta Montaña, Lago Reinungavatnet y Llegada a Myrdal
Reanudamos la marcha dejando atrás el rugido del agua y el paisaje cambia de manera radical. Los árboles desaparecen gradualmente para dar paso a la desnudez de la tundra alpina.
El tren bordea las aguas frías del lago Reinungavatnet y atraviesa una serie de cobertizos y túneles de madera, estructuras fundamentales construidas para resguardar la vía de las severas avalanchas invernales. A esta altitud el aire se vuelve marcadamente frío y no es raro contemplar ventisqueros y placas de nieve que se resisten a desaparecer incluso en pleno verano.

En menos de una hora de trayecto total alcanzamos la estación terminal de Myrdal, situada a 867 metros de altura. Myrdal es un enclave estratégico que conecta esta ruta turística con la línea ferroviaria principal que une Oslo con Bergen (siendo Bergen el siguiente destino marcado en nuestra hoja de ruta).
Conclusión
Haber ascendido desde la orilla del fiordo a nivel del mar hasta las cumbres heladas en menos de 60 minutos es una experiencia inolvidable que nos recuerda una máxima imprescindible para todo viajero: a veces el trayecto es mucho más importante que el destino.
¿Te ha gustado esta travesía a bordo del Flåmsbana? ¿La has hecho alguna vez? ¿Te gustaría hacerlo? ¡Cuéntanos abajo en los comentarios!.


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