Si recorres Noruega por carretera, el Jostedalsbreen aparece y desaparece todo el viaje: una lengua de hielo entre dos montañas, un destello blanco tras las nubes. Son solo los dedos de un gigante. Para entender de verdad su tamaño hay que subir, y por eso nos citamos en las afueras de Skei, un pueblo pequeño de Noruega donde el ganado pastaba y se segaba la hierba mientras esperábamos el helicóptero que nos llevaría a descubrir el glaciar.
Cómo es el vuelo desde Skei: normas, niebla y el asiento del copiloto
Aunque el día de finales de julio era espectacular, por la mañana había una niebla cerrada en la base. Los helicópteros no despegan si la visibilidad no es perfecta, así que toca armarse de paciencia y dejar margen en el itinerario por si el vuelo se retrasa. Debemos se conscientes de que dependemos tanto de la meteorología como de posibles emergencias en las que tengan que participar estas aeronaves y que si esta es adversa el vuelo puede llegar a cancelarse.
Nosotros tuvimos que esperar casi una hora hasta que pudiera despegar porque, aunque desde donde despegamos hacía muy bien tiempo, en la base había niebla y hubo que esperar a que se disipara. Lo curioso es que despegamos desde un campo que estaban segando para hacer forraje para el ganado y el helicóptero se iba alternando con un tractor de grandes dimensiones con una segadora. Pero son cosas que en Noruega se ven con total normalidad, mientras el helicóptero no moleste al trabajo del tractor, no pasa nada.
El helicóptero con el que volamos admite hasta cinco pasajeros: cuatro detrás en una sola fila y uno delante. El asiento del copiloto, el de las mejores vistas, no se reserva ni se paga con suplemento. Por seguridad y por el reparto del peso, se asigna a la persona que menos pesa de todo el grupo. Al igual que las personas de mayor peso se sentarán en las plazas centrales de la fila trasera, justo bajo el rotor principal.
Los operadores cuidan cada detalle: cinturones, auriculares y orden de embarque. Mientras te acercas al helicóptero debes ir directo, sin aprovechar para hacer selfies ni grabar, el cambio de pasajeros entre los que bajan y los que suben debe ser lo más ágil posible debido al gasto de combustible. Hay que tener en cuenta que el gasto de combustible de un helicóptero como este puede rondar entre 25 y 45€ posado con los motores en marcha, si la espera es muy larga puede lapidar el beneficio del tour.
Tanto es esto que en nuestro vuelo faltaba una persona para completar la capacidad de la aeronave y fue el guía del viaje el que nos acompañó. Ya en el aire, el despegue es tan suave y las ventanas tan amplias que más que volar parece que flotas sobre el paisaje. Cada uno lleva unos auriculares con micrófono, lo que mitiga el ruido y nos permite hablar entre nosotros. En nuestro caso tuvimos la suerte de tener al guía que nos estuvo contando cada fase del vuelo y contando datos curiosos, pero esto no es lo habitual y no sueles tener ninguna locución, salvo algún comentario del piloto.
Lo que la carretera no enseña: el Jostedalsbreen desde el aire
Tras ganar altura, el piloto nos llevó primero hacia las cumbres cercanas y, como buenos noruegos, nos retó a encontrar el troll escondido en las formas de la montaña. Como íbamos pegados a la montaña, la sensación de altura no fue tal hasta que empezamos a girar y el valle del que habíamos despegado parecía una maqueta. Entonces llegó la maniobra clave: un giro de 180 grados y emprendemos rumbo directo al hielo.
En un día como este sin viento la sensación de flotar en el aire es total, solo el ruido de los motores del helicóptero y el espectacular paisaje de la región noruega de Vestlandet. A medida que nos vamos acercando al Jostedalsbreen nos vamos dando cuenta del tamaño que tiene, algunas cifras clave de este monstruo de hielo.
- Superficie: casi 500 km².
- Espesor medio: 150 metros de hielo.
- Espesor máximo: hasta 600 metros.
De lejos parece una sábana blanca sobre la roca. De cerca, las grietas que desde arriba se ven como arrugas son abismos del tamaño de edificios de varias plantas.
Por qué el hielo es azul y por qué los helicópteros lo evitan
El hielo del glaciar no es blanco, sino de un azul profundo. Tras milenios de presión, el hielo es tan denso que absorbe buena parte de los colores del espectro y refleja sobre todo el azul.
Ese frío intenso también tiene un lado técnico: genera corrientes de aire descendentes que pueden desestabilizar un helicóptero, y por eso normalmente se evita volar justo encima. Nosotros tuvimos un día despejado y sin viento, y pudimos acercarnos notando apenas una ligera vibración.
¿Merecen la pena 140 € por 15 minutos?
Vamos al grano: 140 € por persona por quince minutos de vuelo. Sobre el papel, estamos hablando de 10€ el minuto. Pero en el contexto de los precios de Noruega, es una de las experiencias que mejor relación entre coste y recuerdo ofrece.
Se procesan tantas imágenes en tan poco tiempo que el reloj parece estirarse. Además, el final del vuelo es sobrecogedor: dejas atrás el hielo y el helicóptero se asoma de golpe al fiordo, con el agua encajonada entre paredes verticales.
A mí me parecieron una hora entera. Si haces la ruta por carretera por los fiordos o una escala de crucero cerca de la zona, mi veredicto es que sí, merece cada euro. Siempre cuidando el coste, este es el precio que nos ofrecieron a nosotros, pero en casos como los cruceros seguramente la cifra sea superior. También hay que tener en cuenta la duración, porque sabemos de viajeros donde ha superado los 25 minutos y eso incrementa el coste.
Datos prácticos para planificar el vuelo
Nosotros contratamos este vuelo dentro del viaje por Noruega, dependerá de si va en un crucero o por libre para poder contratar este tipo de experiencia.
- Punto de salida: Skei, en las afueras de la localidad.
- Duración: 15 minutos de vuelo.
- Precio: 140 € por persona (precio de nuestra visita, confírmalo con el operador).
- Capacidad: cinco pasajeros; el asiento delantero se asigna por peso.
- Mejor época: nosotros volamos a finales de julio.
- Meteorología: si hay niebla en la base no se despega; deja un día de margen.
Si estás preparando tu ruta por los fiordos noruegos, reserva un hueco para ver el Jostedalsbreen desde el aire: es de esos recuerdos que no se parecen a ninguna foto desde el suelo y la sensación es única. ¿Lo has sobrevolado ya o prefieres mantener los pies en tierra? ¿Y tú, gastarías 140 € de tu presupuesto en un vuelo como este? Cuéntamelo en los comentarios y compartimos pistas viajeras.


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