Esta pequeña ciudad de algo más de 21.000 habitantes albergó Sijilmasa, la capital del desierto durante los siglos XIV y XVIII. Su posición estratégica era propicia para el comercio de oro y esclavos que traían las caravanas que cruzaban el sahel. También es la cuna de la dinastía alauita que hoy gobierna Marruecos, los filalis, que derrotaron aquí a los saadíes.
Pero pese a sus siglos de historia, Rissani apenas es una sombra de todo aquello. Rodeada de una gran cantidad de ruinas descuidadas en su gran mayoría son pruebas de que esta ciudad está ciudad está claramente en decadencia desde hace siglos. Pese a todo esto, Rissani sigue siendo una de las ciudades más importantes a las puertas del desierto que no debes dejar de visitar, por su parte monumental que recuerda su anterior importancia y por la autenticidad de su mercado.
El mercado de Rissani
Este fue el mercado marroquí más auténtico que pudimos ver durante nuestro último viaje a Marruecos y, aunque poco queda del importante punto comercial que era esta ciudad, todavía se escuchan ecos del pasado en los regateos de su mercado. Mientras en el zoco de Marrakech que habíamos visitado solo un par de días antes se podían ver una gran cantidad de productos para turistas, en el mercado de Rissani apenas había rastro de ello. No sé si en época alta esta ciudad es más turística pero nosotros apenas vimos extranjeros durante toda una mañana.
Lo ideal es visitar Rissani un martes, jueves o domingo, de este modo disfrutaremos de la esencia de este auténtico mercado marroquí lleno de vida. Con un guía local visitamos a primera hora el mercado permanente de Rissani en el que apenas había gente y muchos puestos todavía estaban cerrados. Algunas partes al descubierto y otras con sobras fabricadas con lonas o palos y chapas que ayudarán a combatir el sol del verano. Recordemos que nos encontramos muy cerca del desierto de el Sahara.
De forma similar a otros zocos o mercados nos encontramos los puestos agrupados por actividad o productos, Primero pasamos por puestos de alimentación donde vemos las típicas carnicerías en las que la carne se exhibe al aire libre sin ningún tipo de refrigeración. Más adelante entramos en una plaza descubierta donde principalmente hay artesanos, es increíble todo lo que son capaces de hacer con tan pocos recursos y materiales reutilizados. Desde lámparas muy elaboradas hasta unas simples alpargatas con suela fabricada con un trozo neumático desgastado.
Ksar Abouam
Tras el mercado visitamos el ksar en donde apenas vive una cuarta parte de la población de Risani. Se trata de un recinto amurallado de adobe y tierra apisonada, con callejones estrechos y cubiertos que protegen del sol y mantienen el frescor en pleno verano. Recorrerlo es adentrarse en el modo de vida tradicional del Tafilalet: puertas bajas de madera, muros en tonos ocres que se confunden con el paisaje y niños jugando en callejuelas por las que apenas cabe una persona con un burro cargado.
Si lo visitas, ten en cuenta estas recomendaciones:
- Lo visitamos con un guía local. Dentro del ksar es fácil perderse y la visita gana mucho con alguien que explique cómo se organizan las viviendas y cómo se reparte el agua.
- Pide permiso antes de fotografiar. Es un lugar donde la gente vive; conviene preguntar antes de retratar a sus vecinos o sus casas.
- Lleva calzado cómodo. El suelo es irregular y, tras las lluvias, el barro puede resultar resbaladizo.
Tras preguntar en varias ocasiones cómo son las casas por dentro, el guía nos ofreció entrar en una de ellas. En este caso se trataba de una vivienda de dos plantas con una decoración muy humilde. No pudimos conocer a la familia que la habita porque solo se encontraban la mujer y los niños, y no bajaron a conocernos. Pero fue una experiencia inmersiva en la vida local de la población de Rissani.
Qué comer en Rissani
Rissani es famosa por un plato que no encontrarás igual en otras zonas de Marruecos: la medfouna, conocida como «pizza bereber». Es una empanada plana rellenada con carne especiada, cebolla y grasa, que tradicionalmente se hornea y se sirve cortada en porciones. Se vende en puestos del propio mercado y en pequeños restaurantes cercanos, y es una opción muy completa para el mediodía.
Algunos viajeros nos han contado que en excursiones al desierto como la que hicimos nosotros suelen prepararlas en la propia arena al carbón. Y cuando digo en la propia arena es dentro de esta, cubierta con ascuas, pero cubierta con arena. En versiones más cuidadas se suele tapar con papel vegetal o una tela de cocina, pero la forma tradicional es ponerla directamente sobre la ceniza. Al llevar una capa de harina o sémola, cocinarse tan rápido y el posterior cepillado, parece que contra todo pronóstico, la masa de esta pizza sale limpia, pero hemos tenido la oportunidad de probarlo.
También merece la pena probar:
- Dátiles del Tafilalet. La región es una de las grandes zonas productoras del país y en el mercado los venden de varias variedades y a granel. Como ilicitano es un fruto que conozco y me llama la atención probar en sus lugares de origen.
- Té. Como en todos lados de Marruecos, te lo ofrecerán en casi cualquier tienda o taller; aceptarlo forma parte de la cortesía local. Aunque en zonas menos turísticas te ofrecerán un té sencillo sin menta, pero que igualmente viene bien para reconfortarse.
- Tajine de cordero o de pollo. Es el plato de referencia en los restaurantes de la ciudad, normalmente con ciruelas, almendras o verduras según la temporada.
Sijilmasa y el mausoleo de Moulay Ali Cherif
A pocos kilómetros del centro se extienden las ruinas de Sijilmasa, aquella capital caravanera de la que hablábamos al principio. Hoy quedan restos de murallas y estructuras de adobe diseminadas entre palmerales, una imagen que ayuda a entender la magnitud de lo que fue y cómo el tiempo y el abandono han ido borrando su huella.
Dentro de la ciudad destaca el mausoleo de Moulay Ali Cherif, tumba del antepasado de la dinastía alauita. Es un edificio de gran valor simbólico para los marroquíes y un buen complemento histórico a la visita al mercado. Suele tener el acceso restringido a los visitantes no musulmanes, así que conviene informarse en el momento y respetar las normas del lugar.
Datos prácticos para visitar Rissani
- Cuándo ir: martes, jueves o domingo, que son los días de mercado grande. Para evitar el calor y las aglomeraciones, mejor a primera hora de la mañana. No cometas el error de ir un día que no haya mercado, perderá gran parte del atractivo de la ciudad.
- Cómo llegar: Rissani está a unos 20 km de Erfoud y a unos 40 km de Merzouga, el punto de partida habitual para las excursiones por las dunas de Erg Chebbi. Lo más cómodo es hacerlo en coche propio, con transporte contratado o con taxis compartidos desde Erfoud. Nosotros lo visitamos de regreso del desierto, pero en otros circuitos suelen hacerlo a la ida.
- Guía local: recomendable para el mercado y el ksar. Nosoros lo llevábamos contratado con el circuito, antes de contratar el circuito por el desierto comprueba que tienes guía, si lo contratas en Rissani acuerda el precio antes de empezar.
- Dinero: lleva efectivo en dírhams y en billetes pequeños; en los puestos del mercado no suelen aceptar tarjeta. Si llevas euros o dólares te los aceptarán encantados, pero cuidado con el cambio que aplican que suele ser más alto de lo habitual.
- Regateo: forma parte del juego. Hazlo con buen humor y sin prisas, empieza ofreciendo la mitad de lo que te pida el comerciante y ve regateando.
- Qué llevar: sombrero, agua y calzado cerrado y cómodo.
Si estás planeando una ruta por el sur de Marruecos, no dejes de reservar una mañana para perderte por el mercado de Rissani: es una de las pocas ocasiones de ver un zoco que sigue funcionando para los vecinos y no tanto para el visitante. Aprovecha para probar una medfouna recién hecha y pasear después por el ksar con calma. ¿Conocías ya este rincón o tienes algún puesto o restaurante imprescindible que deba apuntar en mi próxima visita? Déjamelo abajo en los comentarios y compartimos pistas viajeras.


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